dimecres, 28 de gener de 2009

Las primeras etapas del museo de la Ilustración: 1995-2004

Portada de la versión en valenciano del primer tríptico informativo del
Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat.


a. Introducción
En el verano de 1999 el número 66 de la revista Debats, editada en la capital valenciana por la Institució Alfons el Magnànim de la Diputación de Valencia, publicaba un artículo titulado «El Museu Valencià de la Il·lustració (MuVI). Algunas consideraciones en las vísperas de su inauguración». En este texto, firmado por Boris Micka, Marc Borràs y quien esto suscribe, Rafael Company, se afirmaba lo siguiente:
«Más allá de la Ilustración histórica estamos nosotros, los ciudadanos occidentales que convivimos con cuestiones cristalizadas en el Siglo de las Luces y que el paso de los siglos no ha “resuelto”. Trascendiendo la Ilustración histórica, efectivamente, nos reconocemos nosotros, meditabundos sobre la democracia, los derechos humanos, y tantas cuestiones de pálpito incesante. El MuVI debería, sin duda, ayudarnos a recorrer nuestro particular y compartido camino de ilustración y ciudadanía. Y ello constituye, en ultimísimo término, la finalidad más recóndita y loable de este museo».
Ha pasado el tiempo y se han sucedido muchos acontecimientos desde entonces, pero sigo creyendo que aquellas frases resumían perfectamente el sentido de la iniciativa que llegó a conocerse como Museu Valencià de la Il·lustració, y que abriría las puertas a los visitantes, finalmente, el día 2 de julio del año 2001 (tras haber sido rebautizada como Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat).

b. Los comienzos
El Pleno de la Diputación de Valencia aprobó unánimemente, el 27 de diciembre de 1995, construir un museo dedicado a la Ilustración valenciana. Presidía entonces la corporación provincial valentina Manuel Tarancón, que apareció a los ojos de todos como el principal impulsor de un proyecto que, muy probablemente, debió estar auspiciado también desde la universidad y la erudición (Antonio Mestre, José María López Piñero, Agustín Andreu, Manuel Bas Carbonell...). Sea como fuere, «el museo de Tarancón» empezó a tomar forma a cuatro años vista de la celebración del tercer centenario del nacimiento del ilustrado valenciano Gregori Mayans (1699-1781).
Dicha efemérides había sido concebida por el presidente Tarancón y por su entorno como una ocasión para rememorar particularmente la figura del citado Mayans (conocido como el solitari d’Oliva, por su final aislamiento en la ciudad que le vió nacer). Pero también había sido ideada para –por así decirlo– «reivindicar» a la Ilustración valenciana en su conjunto. En ese sentido, y si bien eran constatables iniciativas muy loables, destinadas a no dejar en el vacío toda una centuria de historia valenciana, la dieciochesca, la pretensión que animaba la nueva actuación era muy novedosa: la creación de una infraestructura cultural permanente.
Desde muy al comienzo de los trabajos de redacción del anteproyecto del museo, se propuso que en la exposición referencial se deberían tratar todas las dimensiones geográficas de la Ilustración histórica. Esta opción obedecía al apriorismo de considerar que el esfuerzo económico y humano que iniciaba la Diputación de Valencia debía ser coronado por las máximas cotas de rentabilidad social. Y que ésta solamente podría alcanzarse si los recursos pedagógicos del museo se ponían al servicio del fenómeno ilustrado en su conjunto.
Se había de pensar que mientras en Francia, Alemania, Inglaterra o Escocia los respectivos ilustrados constituían y constituyen tótems históricos de inmensa popularidad (Voltaire, Kant, Locke o Hume, por citar sólo cuatro nombres), en España la situación era y sigue siendo muy diferente: algunas generaciones de ciudadanos españoles fueron educadas sin que ilustrados hispánicos como Feijoo o Jovellanos merecieran más que una atención marginal, cuando no la completa desatención o acusaciones subidas de tono.
En el caso de Valencia, además, hay que recordar que el siglo XVIII, más allá de la Guerra de Sucesión y de la subsiguiente abolición del régimen foral, había entrado muy templadamente –cuando lo había hecho– en el ámbito de lo reconocido como importante, históricamente hablando, por la ciudadanía de nuestra comunidad autónoma: justamente había sido la desfeta d’Almansa (25 de abril de 1707) y sus muy crueles consecuencias las que habían venido a constituirse en paradigma de lo dieciochesco en Valencia. Y todo ello había conseguido apartar las miradas, las más de las veces, de todo lo positivo que, nolens volens, aconteció en los cien años posteriores por obra y gracia de ilustrados nacidos en el Reino de Valencia como, pongamos por caso, Cavanilles o Jorge Juan.

En consecuencia de todo lo expuesto pareció suficientemente razonado proponer a la Diputación de Valencia un cambio en la denominación del museo: había que eliminar dudas en los previsibles públicos, y aclarar que el museo no se dedicaría a analizar solamente la Ilustración valenciana. La opción escogida fue proponer llamar al nuevo museo como Museu Valencià de la Il·lustració: una entidad valenciana para la Ilustración histórica, para toda ella.
Así pues, en la sesión ordinaria del Pleno de la Diputación de Valencia de 23 de diciembre de 1997 se constituyó el Museu Valencià de la Il·lustració, MuVI, como unidad administrativa inserida en el Área de Cultura de la Corporación. Se preveía como un espacio cultural compuesto por tres elementos básicos: en primer lugar, una Biblioteca i Centre de Documentació de carácter especializado (para cuya dotación se habilitó una política de compras, comenzada en 1998, que tuvo como hito inicial la adquisición de un ejemplar de la primera edición –suplementos e índices incluidos– de la Encyclopédie de Diderot y d’Alembert); en segundo lugar, un Centre d’Estudis, dedicado a hacer posible la vinculación de la institución con la investigación y con el mundo académico; y, por último, el museo en sentido restringido, dotado de salas para:
a) la exhibición de la exposición permanente o referencial, denominada finalmente L’aventura del pensament (la aventura del pensamiento);
b) la ubicación las exposiciones temporales, promovidas en colaboración con el centro de estudios u otras instancias, y dedicadas a cuestiones concretas y a protagonistas de la Ilustración valenciana, española y general, y a la pluralidad de manifestaciones y controversias de la azorada Modernidad; y
c) la celebración las actividades culturales complementarias, talleres y otras actividades didácticas, congresos y seminarios, conferencias, conciertos musicales y proyecciones audiovisuales, actividades específicas de difusión del patrimonio bibliográfico albergado en la biblioteca y centro de documentación, etc.
Este abanico de previsiones iba a permitir establecer la programación de forma que –en un lapso de tiempo relativamente corto– pudieran coincidir exposiciones, eventos y actividades unidos por un eje temático común (extremo que constituye una práctica bastante habitual en la actualidad).
Todo lo expuesto nos retrataba al MuVI, efectivamente, como un museo de las ideas útil para ilustrar en el sentido kantiano recogido en Was ist Aufklärung?, donde lo más importante sería la contribución al camino, activo y crítico, que cada persona realiza para asumir su propia mayoría de edad intelectual, y que permite hablar de una dimensión intemporal del concepto "Ilustración". Y en ese sentido buenos son los espacios que, como la exposición referencial del museo, permiten reponer fuerzas y guarecerse de las inclemencias.

c. El continente
Así pues la nueva infraestructura cultural necesitaba también, claro está, de un lugar donde asentarse, de un edificio al servicio de la misma.
En el caso del MuVI, y en un ejercicio prácticamente excepcional en la España de las últimas décadas, había sido el proyecto de contenidos el primero en comenzar a realizarse. Por ello, cuando la Diputación de Valencia convocó el concurso internacional de anteproyectos para la redacción del proyecto técnico del edificio (concurso donde se recogían las exigencias del Plan General de Ordenación Urbana de Valencia), se adjuntó un programa de necesidades que se encontraba determinado por los trabajos ya iniciados sobre el proyecto de contenidos. El concurso fue fallado a favor de un equipo de arquitectos constituido por Guillermo Vázquez Consuegra, en calidad de coordinador, y por Pedro Díez e Íñigo Carero.
Con posterioridad al fallo del concurso, y al encargo a Guillermo Vázquez Consuegra de la dirección de la obra (Decreto de Presidencia nº 4935, de 28 de julio de 1997), se estableció un equipo de trabajo conjunto, coordinado desde el Servicio de Patrimonio de la Diputación de Valencia por José Luis Giménez, y formado por los responsables del proyecto del edificio y por las personas encargadas del proyecto de contenidos. Este equipo intersectorial se disolvió cuando concluyó con éxito la instalación de la exposición referencial en los espacios a ella destinados (el 15 de diciembre de 1999), y cuando ya muchísima gente era consciente de que la ciudad de Valencia contaba con un nuevo hito arquitectónico. Un magnífico edificio que, por cierto, reportó a su hacedor máximo, Vázquez Consuegra, la obtención del Premio Nacional de la Fundación C.E.O.E.

d. La subsede del museo en Oliva
Se dijo al principio de esta colaboración que la celebración del tercer centenario del nacimiento de Gregori Mayans, a realizar en 1999, se planteó en el seno de la Diputación de Valencia, y cuatro años antes, como una ocasión para rememorar esta figura en particular y a la Ilustración valenciana del XVIII en general. El primer fruto de esta voluntad fue la aprobación del proyecto del museo actualmente conocido como MuVIM. Muy pronto también se acordó dedicar una exposición monográfica a la figura de Mayans.
Otra iniciativa llevada a cabo en el contexto de la conmemoración mayansianista fue la declaración de 1999 como el Any Mayans, y la celebración del Congrés Internacional sobre Gregori Mayans: el congreso, desarrollado en Valencia y Oliva en mayo de aquel año, contó con la participación de los más destacados especialistas en la obra mayansiana. Y, last but not least, el aniversario mayansiano propició la creación de una nueva infraestructura cultural en la ciudad de Oliva. En concreto, albergada en la Casa dels Mayans: una subsede del museo de la Ilustración nucleada en torno a una exposición de carácter permanente dedicada a La vida quotidiana en el segle XVIII, donde se nos pretende aproximar al día a día doméstico de un ilustrado como Mayans.
La subsede de Oliva (inaugurada en mayo de 2000) debe su nacimiento al acuerdo entre la Diputación de Valencia y el Ajuntament d’Oliva, signatarios de un convenio al efecto, y a día de hoy sigue constituyendo una muestra del proyecto inicial del museo.

e. Del MuVI al MUVIM
Casi dos años más tarde de la constitución del Museu Valencià de la Il·lustració, MuVI, como unidad administrativa, la conformación de la Xarxa de Museus adscrita al Área de Cultura de la Diputación (efectiva desde el 3 de diciembre del año 1999 vía el Decreto nº 10.878 de Presidencia de la Corporación), supuso para el museo el cambio en su denominación –desde entonces Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat, MUVIM– y diversas transformaciones en los aspectos organizativo, administrativo y económico, así como también en el campo conceptual.
Las referidas mutaciones, impulsadas por instancias decisorias externas al personal del MuVI, implicaron la cesión del usufructo de las salas de exposiciones temporales al Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, y ello determinó que el MUVIM pudiese acoger solamente un montaje monográfico referido a la Ilustración histórica: Mayans, la soledat de la Raó. Esta exposición, que debería debía haber inaugurado la gran sala subterránea del museo en ocasión de la apertura del mismo (el 2 de julio del año 2001), fue exhibida durante el verano de 2002.
Sea como fuere, las importantes transformaciones de 1999 no afectaron a la continuidad de la exposición permanente del museo que, visitada por el público desde el mismo día de la inauguración oficial de la institución, sigue siendo el mayor testimonio tangible del proyecto inicial (amén del edificio, claro está).

f. Una exposición diferente (1): el marco teórico
Desde el principio de los trabajos que permitieron disponer de un anteproyecto para el entonces MuVI, se optó por utilizar planteamientos renovadores para la que habría de ser la exposición permanente o de referencia. Las razones de esta opción no habrían de buscarse en el hecho de que la Diputación de Valencia no dispusiese, en principio, de un patrimonio tangible que pudiera exhibirse: el deus ex machina de dicho propósito renovador hay que buscarlo en las necesidades de los públicos que se quería atraer hacia el museo, detectadas en buen grado a través de decenas y decenas de entrevistas con gentes de muy diversa edad, formación e intereses.
Fueron estas necesidades, puestas de manifiesto con una claridad meridiana en el caso de los educadores de enseñanza secundaria y bachillerato, las que nos reafirmaron en nuestra búsqueda de fórmulas de comunicación específicas para aplicarlas a dicha exposición y, por ende, a diluir las fronteras entre el mundo de los museos de humanidades y el de otros instrumentos contemporáneos de transmisión de ideas e interpretación de significados (cine, televisión, publicidad, teatro, museos de ciencia, exposiciones universales, parques culturales...).
Con estas premisas, la exposición fue concebida como el escenario de un viaje o itinerario que realizarían los visitantes a través de siglos de historia del pensamiento occidental, de varios de sus hitos más descollantes desde la escolástica medieval hasta la posmodernidad. Y todo ello impregnado de dos propósitos: el primero, la intención de trasladar parcialmente a los campos de la historia y la filosofía la potencia manipuladora de fórmulas narrativas donde la emoción juega un papel importante o, incluso, primordial; el segundo, la voluntad de utilizar las «nuevas tecnologías» entonces disponibles de manera que no hubiese yuxtaposición de las mismas al hilo conductor de la exposición, sino que aquellas pudiesen conformar el propio vehículo principal de la narración.

g. Una exposición diferente (2): las finalidades
Resumidos los componentes del marco teórico que fijó las lindes del diseño general de la exposición permanente o referencial del museo, hemos de detenernos en las finalidades de dicha exposición. ¿Con qué objetivos se materializaría la exposición? ¿Para qué serviría, en último término?
Esto era tratado en el anteproyecto original comenzando por las finalidades globales, y afirmando taxativamente que La difusió dels valors il·lustrats i les “grans” idees a retindre pels visitants eran els veritables objectius generals del MuVI. Ciertamente, aquellos que concebimos L’aventura del pensament nos considerábamos partícipes de un proceso educativo global, y estábamos decididos a contribuir, en la medida que nos fuese posible, a que muchos valores de «cuño ilustrado» encontrasen mejor acogida y acomodo en nuestra sociedad. No se trataba, evidentemente, de plantear la resurrección dogmática de la utopía ilustrada en su globalidad, pero sí de poner algunos medios al servicio del conocimiento –y asunción– de parámetros ilustrados decididamente imprescindibles para la propia existencia del concepto «dignidad humana».
El anteproyecto continuaba hablando de las finalidades parciales, y establecía que éstas debían ser las de procurar goce al visitante e informar a lo largo de todo el recorrido, así como sugerir, entretener, sorprender, mover al interés, etc. en espacios concretos. Esta enumeración constituyó en su día el enunciado de un desideratum, cuyo contraste con la percepción de los públicos nos ha dejado un dulce sabor de boca desde aquel ya lejano 2 de julio de 2001: la iniciativa sigue despertando en la gran mayoría de los visitantes sensaciones parecidas, bastante parecidas, a las confesadas a la prensa por una chica joven la misma tarde del día de la inauguración: "te explican lo que es la Ilustración y lo entiendes. Es la leche". A eso yo lo llamaría éxito en el propósito interpretativo (comunicativo, educativo) de L'aventura del pensament.

h. Una exposición diferente (3): las concreciones
Fijado el marco teórico y planteadas las finalidades, debía abordarse la cuestión de los cómos: ¿de qué manera, o cómo, concretar la exposición? ¿de qué, o cómo, llenar las salas? En el anteproyecto original (presentado en febrero de 1997) se hablaba de escenarios revestidos de una función simbólica o evocadora, donde no debería estar ausente el juego de colores, luces y alturas, y donde los pocos textos e inscripciones que apareciesen en las salas serían tratados como un recurso inserido en el discurso oral, lejos del paradigma de las exposiciones que basan la comunicación con sus visitantes en el uso sistemático de paneles escritos.
Estas previsiones se hicieron realidad, y los usuarios de la exposición permanente siguen acompañados en su periplo por guías-mimos y por músicas que subrayan una narración que –en valenciano, castellano, inglés o francés– suele provocar a su fin una reflexión verbalizada por parte de muchos receptores y, en ocasiones, un auténtico torrente de discursos laudatorios hacia lo que acaban de protagonizar.

Estas reacciones del público, así como la callada complicidad de tantos visitantes con el fondo y la forma de L'aventura del pensament, constituyen los verdaderos motivos de satisfacción de los autores del proyecto expositivo en su estadio definitivo, incluyendo el contenido del audio y de los diversos audiovisuales: un equipo de trabajo que, amén de mí, incluía a Marc Borràs (actualmente técnico superior de servicios culturales de la Diputación de Valencia, como yo), a Boris Micka (director creativo de la empresa General de Producciones y Diseño, GPD, adjudicataria del concurso convocado para la realización física e instalación de la exposición), a Jorge Molina (responsable creativo de la empresa de producciones audiovisuales Drop a Star), a Juan Jesús Caballero y Manuel Fernández (directivo y técnico de GPD respectivamente), a Carles Castillo, responsable de la formación y dirección de los primeros guías-mimos, y a los supervisores de la ejecución de los trabajos por parte de las distintas empresas subcontratadas: Vicent Flor, María José Hueso y Joan Carles Izquierdo (entonces técnicos del MuVI), y Tamar Meneses, de GPD.

i. Una exposición diferente (i 4): los contenidos

Las denominaciones de los distintos espacios de la exposición son las siguientes:

Parte I: el camino de la Ilustración
Espacio 1: inmersión;
Espacio 2: introducción audiovisual;
Espacio 3: la Edad Media;
Espacio 4: la imprenta;
Espacio 5: la Revolución Científica de Copérnico, Kepler y Galileo;
Espacio 6: Descartes, los empiristas británicos y Newton;
Espacio 7: creencia, deísmo y no creencia;
Espacio 8: las luces del siglo XVIII;
Espacio 9: la Europa ilustrada y los Estados Unidos;
Espacio 10: el salón ilustrado;
Parte II: la Ilustración española y valenciana
Espacio 11: de los novatores a Napoleón;
Parte III: después de la Ilustración
Espacio 12: el siglo XIX;
Espacio 13: la ciencia;
Espacio 14: la posmodernidad;
Espacio 15: epílogo;
Parte IV: la obra emblemática de la Ilustración
Espacio 16: la Encyclopédie de Diderot y d’Alembert.


j. Del MUVIM al MuVIM: los primeros espacios recuperados
En junio de 2003 se inició en el museo una etapa de transición, que concluyó en el verano de 2004. No obstante el carácter provisional de aquel periodo, marcado por el inicio de la recuperación de los espacios cedidos a organismos propios de la Diputación o de otras administraciones, el museo (con el acrónimo MuVIM) pudo exhibir una exposición muy importante desde la perspectiva de quienes en su día formulamos el proyecto original del museo: No oblidaràs. Sarajevo, una producción del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) que, modificada parcialmente en nuestro museo, permitía una reflexión hiriente sobre las circunstancias históricas y las pulsiones más dramáticas de la Europa de finales del siglo XX.
Esta muestra, visitable entre el 21 de enero y el 11 de abril de 2004, constituyó el epílogo de la primera andadura pública de un museo que poco después, en junio, disponía de un nuevo equipo bajo la dirección del catedrático de estética Romà de la Calle. En octubre del mismo año la Biblioteca, prevista en el proyecto inicial, podía abrir las puertas por fin: el fondo bibliográfico fundacional, adquirido entre 1998 y 1999, los fondos procedentes de la Biblioteca General de la Diputación (transferidos en el año 2000), etc., se ponían a disposición del público, y el MuVIM iniciaba verdaderamente una nueva singladura.

k. Unas perspectivas.

A pesar de la repuesta positiva del público, caso de tenerla como en nuestro caso, los gestores de museos deben interrogarse siempre sobre la continuidad de los montajes de referencia, bien en su totalidad, bien parcialmente. Y en el momento presente, pasados tantos años de la inauguración, parece bastante razonable elucubrar sobre cómo podría ser la nueva permanente del MuVIM o, al menos, algún aspecto de la misma.

Al respecto de esto último, y entendiendo que hablamos de una hipotética exposición con propósitos similares a los que tiene la actual, quiero incidir en un aspecto nodal para mi manera de ver las cosas ahora mismo: la incidencia de otras civilizaciones en el desarrollo de la nuestra (en origen europea y ahora con vocación de «global». Bien es cierto que en parte del espacio 2, y en la totalidad del espacio 15 de la exposición del MuVIM, se incluyen sendos mensajes en favor de la convivencia –en igualdad– entre los seres humanos (con independencia de la cultura, religión o civilización de adscripción). Y en concreto, el citado espacio 15 o epílogo puede recibir cualquier acusación menos la de constituir una proclama eurocéntrica. Pero a lo largo de la exposición L’aventura del pensament no se hace ninguna referencia –ni directa ni indirecta– a la influencia de otras civilizaciones en los orígenes de la Ilustración occidental o, incluso, del Renacimiento europeo. Esta opción, que los llamados antieurocéntricos definirían como claramente eurocéntrica, no sería sostenida por mí en este momento en los mismos o parecidos términos. Y esto porque la trascendencia de las aportaciones orientales (árabomusulmanas, chinas, etc.) a la conformación de la civilización occidental, constituye tanto el eje de un debate existente hoy en día en el seno del mundo académico internacional, como una de las cuestiones nodales de la polémica de gran alcance, cívico y político, sobre la percepción del otro en Occidente.

Y sobre todo eso también podría hacer reflexionar la exposición de referencia del MuVIM.

Rafael Company, 28 de enero de 2009.